Después de casarte con un sociópata durante ocho años, has visitado su infierno y el tuyo. Has aprendido que su sinceridad, compasión, confiabilidad y fidelidad son una máscara de caballero que oculta una farsa de hombre, mentirosa y manipuladora. Su objetivo es desmoralizarte, física, mental y espiritualmente. Para él, no eres más que un juguete para ser jugado a su merced. Tú existes para su satisfacción. No hay sentido de la moralidad. Él es su propio Dios. Irónicamente, es un hombre poseído por el hechizo de Satanás. Amar a un sociópata es experimentar el sabor de la oscuridad.
Después de todos estos años, él ha echado espuma a cada una de tus debilidades y ha reducido tu autoestima. A través de todo este sufrimiento y dolor, sin embargo, hay un revestimiento delgado que ofrece una oportunidad para el crecimiento. Nadie tiene la culpa. Para poder avanzar con una nueva relación, debes amarte a ti mismo. Debes ver la antigua relación por lo que era y preguntarte: “¿Realmente necesito seguir castigándome o me amo lo suficiente como para no necesitar más un sociópata como forma de autoflagelación?”