Conocí a mi esposo hace 11 años, cuando ambos teníamos 22. Estaba en una profunda depresión y tenía insomnio. Rápidamente nos hicimos muy buenos amigos y pronto nos convertimos en inseparables. Me soportó por más de un año, me ayudó a pasar los días sin sueño (trabajábamos en los turnos de noche en ese momento), encontrando lugares para que yo comiera (ya que odiaba la comida). Hizo esto y mucho más, sin hablar nunca de sus propios problemas, que honestamente eran mucho más grandes que los míos. Soy una persona muy cariñosa pero no pude percibir sus luchas. No me di cuenta de lo que estaba pasando para ayudarme a mejorar. Afortunadamente, resolví mis problemas principales en ese año y pasé los siguientes para ayudarlo con su situación. Por muy mal que parezca, la depresión me hizo egoísta y pegajosa y le costó mucho a mi mejor amigo en ese momento afrontarlo. Tenemos la suerte de que los dos, a pesar de nuestras circunstancias, tuvimos una gran resolución para mejorar. Hoy los dos somos una pareja muy exitosa y feliz, pero tuvimos un fuerte compromiso por ambas partes. Al tratar con alguien con depresión, uno tiene que cuidarse aún más, ya que su pareja puede ser incapaz de hacerlo. Ser cuidadoso y comprender es más que suficiente, sin embargo, no te lastimes por ello. Como dicen en vuelos, primero ayúdate antes de ayudar a otros con una máscara de oxígeno. La depresión es una enfermedad muy tratable y la intervención médica oportuna puede ayudar a muchos dolores.
Te deseo lo mejor.